Nueve meses de Qigong

energía, respiración y relajación durante mi embarazo

Por Lara I. López de Jesús

Yo solía correr, hacer aeróbicos, ejercicios isométricos y levantamiento breve de pesas cuatro veces por semana. Por mucho años mantuve este patrón y por años, también, había tenido la intención de comenzar a practicar algún tipo de arte marcial. Mi esposo, David Amador, ha sido practicante de Taijiquan (Tai chi) y de Qigong (Chi Kung) por más de 20 años, y lleva más de 10 años enseñando estas artes internas chinas en México y Puerto Rico. Por medio de sus conversaciones, de haber visto un sinnúmero de documentales, vídeos y películas, de haberlo acompañado en sus viajes de entrenamiento y de haberlo ayudado a preparar propuestas y conferencias, conocía algo de la historia milenaria de estas artes y de sus múltiples virtudes (ya sean medicinales, espirituales o marciales). Sin embargo, por razones de estudio y trabajo, y un poco también por mi personalidad y ritmo de vida, no me había dado la oportunidad de aprenderlas.

Todo cambió tan pronto me enteré que estaba embarazada. Supe inmediatamente que debía hacer los ajustes necesarios para comenzar a practicar Qigong. Ahora compartía mi Dantien (centro energético del cuerpo) con otro ser, y cultivarlo sería mi objetivo. El tiempo de la relajación, la respiración y la concentración profundas había comenzado y sabía que los beneficios de este arte --interno y legendario-- podrían ayudarme. Para mí, el Qigong resultaba el ejercicio perfecto, pues quería mantenerme activa sin poner mi salud y cuerpo en riesgo de una lesión. También intuía que esta práctica me ayudaría a relajarme, a aceptar los cambios hormonales y fisiológicos naturales del embarazo, a comunicarme con la vida que se desarrollaría dentro de mí, y a proveer un espacio repleto de energía, armonía y paz para mi bebé, Darío.

Uno de los fundamentos básicos de la medicina tradicional china establece que cada individuo debe mantener el flujo equilibrado de Qi (energía vital) por los meridianos del cuerpo. Por medio de ejercicios de respiración y movimiento corporal, la práctica del Qigong --que se podría traducir literalmente como “el estudio, entrenamiento o movilización de la energía interna”-- promueve el flujo adecuado de Qi en el cuerpo, armoniza los órganos internos, mejora la circulación y aumenta la concentración, lo que ayuda a sostener el equilibrio mental y el bienestar corporal.

Se ha demostrado que algunas incomodidades frecuentes en las mujeres embarazadas, como el dolor de espalda, el malestar mañanero, la fatiga, las venas varicosas, la depresión y la ansiedad, entre otras, pueden ser aliviadas a través de la práctica del Qigong. Además, el embarazo es un momento idóneo para que la mujer escuche su cuerpo, se alinee con su ritmo interno y flujos vitales, se libere de los bloqueos de energía (ya sean heredados o adquiridos culturalmente), y haga todo lo necesario para permanecer fuerte y clara con sus intenciones. Para mí, el Qigong proveería las herramientas para cultivar todo esto.

Desde el primer mes de embarazo me integré a la clase de Qigong que David dirige en el Hospital Auxilio Mutuo. Allí se practica la rutina conocida como “Los 18 ejercicios de Liangong”, una de las muchas rutinas que existen, y la cual David complementa con otras para que logremos movilizar distintas formas de energía y evitemos la monotonía. “No hagas nada que no te haga sentir bien” y “Lo único que está prohibido en Qigong es lastimarse” son algunos de los principios que guían la práctica de Qigong en esta clase. La rutina de Liangong tiene la característica especial de generar una relación directa con la respiración, haciéndola más profunda y constante. Además, sus movimientos lentos y controlados masajean las articulaciones sin presionarlas o lastimarlas.

Aparte de disfrutar las clases en el hospital los lunes, miércoles y viernes, los domingos por las mañanas se convirtieron para mí en un momento muy íntimo, natural y femenino. Todos los domingos Marianne Meyn --estudiante de Taijiquan y Qigong de David, y para mí una amiga, maestra y ejemplo muy especial-- suele practicar las rutinas aprendidas de estas artes en El Escambrón. Allí, casi siempre junto a su gran aliada Gisela Jung Seifert, dedica varias horas a ejercitarse, relajarse y darse un buen chapuzón en el mar. Cuando Marianne me invitó a acompañarla a “chikunguear” frente a la playa, me sentí muy halagada y accedí rápidamente. Desde entonces, hacer Qigong los domingos se ha convertido en una de mis actividades favoritas. El sonido del oleaje y de las palmas, los colores del hermoso paisaje, el olor a salitre, la sensación del sol y el viento en mi piel y el contacto de mis pies con la arena han dado otro sentido a mi práctica de Qigong. Me encanta el Qigong de los domingos, porque además de entrar en contacto conmigo misma y con el bebé, he podido entablar una relación más íntima tanto con la naturaleza como con la esencia femenina y sabiduría de mis compañeras de práctica.

Siempre que hago Qigong procuro enfocar mi mente e intención en el Dantien. Dicen que respirar profundamente hasta el Dantien ayuda a masajear tanto a mi bebé como a mis órganos internos. Así me siento conectada con él. Procuro escucharme y escucharlo todo el tiempo. Con cada respiración imagino mi cuerpo relajándose y siento que estoy relajada. Siento también que Darío puede percibir mi relajación, lo que me llena de vida y felicidad. El Qigong, además, me ha ayudado a conocer mis propias limitaciones. En cada exhalación intento expulsar la energía negativa, las preocupaciones y los temores naturales del embarazo. Pienso que cada respiración bien dirigida me ayudará a prepararme para los retos del parto, pues, al ganar mayor control de mi respiración, seré capaz de manejar mejor el dolor y controlar las contracciones. Además, la conciencia que he cobrado de mi movimiento y respiración me ha ayudado a mantener una postura cómoda, que de otra manera sería más difícil a medida que Darío crece en mi vientre. Conforme he ido practicando Qigong a lo largo de estos meses, una hermosa interacción se ha ido estableciendo entre Darío y yo.

Información general sobre el Qigong y “Los 18 ejercicios de Liangong”

Qi: energía, aliento, bioelectricidad
Gong: trabajo, esfuerzo, estudio, destreza
Qigong: el estudio de la energía interna o el estudio de la bioelectricidad

El origen del Qigong está perdido en el tiempo. Se han encontrado documentos que hacen referencia a este tipo de ejercicios que datan de los años 2000 a 1500 AC. El más conocido de estos documentos es el “Canon de Medicina del Emperador Amarillo” al cual se le atribuye el desarrollo de la teoría de la medicina tradicional china. Resultaría imposible hacer un recuento de todas las variantes y los estilos de Qigong existentes, pero entre los beneficios que ofrece esta práctica se encuentran:

  • el restablecimiento del flujo energético del cuerpo
  • el fortalecimiento de los músculos, los tendones y los ligamentos
  • la flexibilización de las articulaciones
  • la corrección de la postura
  • el mejoramiento de la respiración
  • la ayuda en la coordinación motriz

“Los 18 ejercicios de Liangong” es una rutina de Qigong que fue desarrollada por el Dr. Zhuang Yuanming a mediados de los años cincuenta del siglo XX. La misma abarca casi todos los rangos del movimiento humano, permite el mantenimiento sistemático de la energía corporal y de la salud, mejora la postura y mantiene las articulaciones sanas. Esta rutina fue diseñada pensando en las necesidades de personas con alguna lesión en las articulaciones, que estaban a punto de someterse a una operación para corregirla y que además continuarían practicándola como parte de su terapia física. Posteriormente, gracias a la gran aceptación y efectividad que demostró, se comenzó a promover esta rutina como parte del plan de salud nacional del gobierno de la República Popular China, impartiéndose en escuelas, universidades, hospitales y fábricas de todo el país.

Puedes visitar el artículo original en la revista "Madre" aquí

 

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